El Oro de Oaxaca

El placer del mezcal

Los granjeros

El fin de semana pasado fue uno un poco extraño, debido a que conduje actividades muy distintas en su naturaleza, más distintas de lo que normalmente en mi vida pueden ser actividades que conllevo en dos polos opuestos; sin embargo, este tipo de combinación me parece muy amena.

El día sábado, durante toda la mañana, estuve tramitando unos préstamos online, préstamos que damos en nuestra empresa como bonos para ciertos trabajadores, bajo ciertas condiciones, algo que tiene mucho éxito y produce grandes resultados en el desarrollo profesional de los individuos.

Por supuesto que esto es algo nuevo en el mundo (los préstamos online), ya que en décadas pasadas estas transacciones se efectuaban de una manera física, mientras que ahora es posible efectuarlos desde nuestra casa, algo que a mí me sigue pareciendo muy moderno.

Al término de estas operaciones, es decir, a la una de la tarde, fui con mi esposa a la granja de su abuelo, que se encuentra aproximadamente a una hora de esta pequeña ciudad donde nos encontramos, en el este de Europa, una región donde en muchos lugares, el tiempo parece nunca haber pasado, ya que muchas personas aún retienen y conservan tradiciones de otras eras, algo que en Europa, por ejemplo, ha desaparecido como los últimos rayos del sol se extinguen al sumergirse en occidente.

Debido a esta razón,  las granjas aquí aun funcionan como lo hacían en la época cuando aquí mandaban los zares o los comunistas, dos regímenes que estaban basados fuertemente en la agricultura en masa, agricultura que sería siempre trabajada por granjeros, quienes saben tanto sobrevivir de su granja sin ayuda externa y hacer que otros ganen de ella también, como bien sucedía en los tiempos de Alejandro I o Joseph Stalin.

Estas granjas no están hechas para todos, particularmente para la mayoría de los occidentales, ya que nosotros, aunque busquemos actividades fuera de la ciudad y en cercanía con la naturaleza, siempre buscamos un buen grado de confort para hacernos sentir bien, además de que el confort para muchos de nosotros es equivalente a limpieza y la limpieza equivale a lo saludable.

En estas granjas, lo último que se encontrará es el confort, ya que éstas son sumamente austeras y el estar cómodo no solo es algo que no se hace, sino que es algo que se evita a toda costa.

Esto se debe a que aquí el confort es símbolo de pereza y ocio, lo que a su vez se asocia con la muerte, ya que la granja, para que funcione como remplazo del sistema establecido con éxito, debe de ser trabajada de sol a sol.

A su vez, los granjeros aquí parecen todos tener un patrón de comportamiento en común, una extraña combinación de paciencia, honestidad y crudeza, que provoca mucha admiración en mí.